Imagina que construyes tu vida lejos del lugar donde naciste.
Imagina que, con el tiempo, logras una forma de equilibrio discreto: trabajo, vínculos, una familia, en paz y harmonia. Casi perfecta, suficiente para seguir adelante con tus sueños.
Imagina que eliges mantener distancia de un entorno familiar marcado por dinámicas tóxicas que nunca comprendiste del todo.
Imagina que un día irrumpe una llamada inesperada. No llega con preparación ni con contexto. Llega como una fractura equivocada.
Imagina que te hablan de hechos graves y dolorosos en tu familia de relaciones tóxicas, que te colocan en un estado de shock.
Imagina que en ese momento no reflexionas en términos jurídicos ni en tus derechos, porque solo intentas ayudar, no agravar el sufrimiento, no convertirte en un obstáculo más.
Imagina que, en ese estado de vulnerabilidad, tus palabras no son respetadas, sino reencuadradas para servir a una narrativa ajena.
Imagina que el consentimiento sobre tu propia identidad es vulnerado, convirtiendo un testimonio fragmentado en una herramienta de exposición pública.
Imagina descubrir que esa versión distorsionada queda fijada, indexada, interpretada y reproducida en el tiempo sin tu permiso y sin medir el daño.
Imagina que, cuando aquello se vuelve público, comprendes que algo se ha desplazado, la manera en que una identidad queda asociada a una narración que no le pertenece. Una presencia secundaria pasa a ocupar un lugar que no eligió.
Los silencios se interpretan.
Las distancias se traducen en sospechas.
La complejidad se aplana.
Imagina que pasan los años y ese relato con tu nombre sigue ahí,
Por mas de 7 años...
en Internet
.
No como memoria contextualizada, sino como etiqueta persistente.
Imagina que tu nombre se convierte en una puerta de entrada a una confusión continua. culpabilizante, solo porque la parsona que narra penso que seria mejor que tu nombre apareciese como estética narrativa, como motor de sensaciones mediaticas
Algunas miradas cambian.
Algunas relaciones se erosionan.
No por actos propios, sino por asociaciones inducidas.
Imagina que existe una vida alrededor de ti.
Una vida profesional
Un hogar.
Un círculo íntimo que no pidió ser expuesto.
No siempre hace falta nombrar explícitamente para identificar: a veces bastan fragmentos, escenas, referencias dispersas. La exposición no siempre es directa; a menudo es indirecta, acumulativa y silenciosa, pero igualmente real.
Imagina que, con el tiempo, surge una necesidad elemental de recuperar tu derecho a existir sin ser arrastrada por una historia ajena.
De parar con el miedo a que alguien encuentré tu nombre en internet una y otra vez ligado a una historia que privilegio la estética narrativa antes que la proteccion de datos, y que tranformo tus declaraciones las cuales se usaron sin consentimiento
Imagina que surge una necesidad elemental de recuperar el derecho a existir otra vez en el mundo, como derecho humano,no para desmentir, no para acusar, no para reescribir el pasado.
Solo para pedir proporcionalidad y proteccion de datos.
Para recordar que no toda narración necesita todos los nombres, y que no toda identificación es necesaria para el interés público.
Imagina, entonces, que la pregunta aparece tarde, porque viviste con miedo de quienes tienen el poder de narrar: ¿qué significa consentir a exponer datos personales, nombre, cuando una persona está en estado de shock?
¿Puede el consentimiento ser plenamente libre sin distancia, sin información completa, sin tiempo para comprender las consecuencias?
¿Qué responsabilidad ética existe cuando se fuerza un “sí”, el cual se produce en una situación de asimetría y vulnerabilidad?
Y sobre todo, si tu misma fuiste y eres una defensora de los derechos digitales y la proteccion de datos como derecho humano, como no hacer frente a esa injusticia que te toca de manera tan cercana y que viene precisamente de personas que dicen defender los derechos humanos?
Te preguntas como pudiste soportar durante mas de 7 años esa agresion...
Y Como pudiste dejar que por una estética narrativa usarans tu datos, tu historia, tu familia...
Imagina comprender que proteger el propio nombre no es una forma de negación, sino un acto de dignidad.
Que pedir anonimato no es borrar una historia, sino respetarla y evitar que el daño se propague a quienes no son protagonistas.
Que la protección de los datos personales son un derecho humano.
Y finalmente, imagina concederte ese derecho con libertad y sin miedo
#RGPD #DerechosDigitales, #IdentidadDigital #LibertadSinMiedo #DerechoAlaProteccionDeDatosPersonales #FreedomNotFear #28deEnero
