dimanche 4 janvier 2026
Le Trumpisme à travers le Prisme de la Colonialité du Pouvoir: un dialogue entre Maya Kandel et Anibal Quijano
Le livre de l'historienne Maya Kandel, en retraçant les racines et les mécanismes du trumpisme, fournit une matière empirique riche qui peut être lue à travers le prisme de la "colonialité du pouvoir" pour révéler les dynamiques sous-jacentes de domination et de hiérarchisation persistantes dans le système mondial actuel. La théorie de la "colonialité du pouvoir" du sociologue péruvien Anibal Quijano ainsi, offre un cadre pour comprendre la crise vénézuélienne non seulement comme un conflit local, mais comme un théâtre d'opérations géopolitiques où les puissances mondiales se disputent les ressources.
L'analyse permet de décoder comment les récits occidentaux sur la souveraineté et l'ingérence étrangère perpétuent les hiérarchies coloniales de contrôle et de dépendance.
Pays/territoire :
1180 Uccle, Belgique
vendredi 2 janvier 2026
Internet libre y medios alternativos: una memoria compartida
Hubo un tiempo ,y "no un lugar" como hubiera llamado Marc Augé Internet, en el que soñar con medios independientes parecía una excentricidad, cuando no una sospecha. Éramos jóvenes, obstinadas, y estábamos convencidas de que la comunicación no podía seguir siendo un privilegio de unos pocos. En ese contexto nació Indymedia: un proyecto que muchas personas miraban con desconfianza porque proponía algo radical para su época —un medio 100 % en línea, liderado por su comunidad,sin jerarquías editoriales, y profundamente anclado en la filosofía del software libre.
No sabíamos entonces que estábamos anticipando el futuro. No había afán de notoriedad, ni ambición personal, lo que nos motivaba era la urgencia de empoderar a la ciudadanía, de romper el monopolio del relato, de disputar el sentido común mediático. Sin proponérnoslo, desde la invisibilidad y el trabajo colectivo, abrimos grietas por las que más tarde circularían múltiples modelos horizontales de comunicación. Incluso los medios clásicos, los mismos que nos ignoraban, terminaron apropiándose de algunas de esas lógicas.
Veinte años después de Indymedia, una amiga me invitó a participar en la 12ª OURMedia Conference, dedicada al mediactivismo, el scholactivismo y el cruce entre mujeres, medios alternativos, activismo y tecnología. No como ejercicio nostálgico, sino como un acto político de memoria crítica.
La conferencia, organizada por la Université Libre de Bruxelles y la Universiteit Antwerpen, reunió a activistas e investigadoras para pensar colectivamente el legado de Indymedia: sus logros, sus límites, sus contradicciones y, sobre todo, su influencia persistente en las prácticas contemporáneas de comunicación alternativa. Más de cincuenta presentaciones alimentaron un debate necesario sobre el vínculo, real o imaginado, entre academia y movimientos sociales.
Porque el mediactivismo nunca fue neutral. Tampoco el conocimiento lo es. Indymedia encarnó una forma de compromiso radical: producir información desde abajo, en paralelo a los medios hegemónicos, usando tecnologías emergentes para amplificar luchas invisibilizadas. Nació en 1999, en Londres y Seattle, en el contexto de las protestas contra la OMC. Y desde ahí se expandió como una red global que cuestionó quién habla, desde dónde y para quién.
Hoy, la pregunta no es solo qué queda de Indymedia, sino qué aprendimos de ese experimento. ¿Por qué muchos centros locales desaparecieron? ¿Cómo evolucionó su papel dentro de los movimientos sociales? ¿Qué huellas dejó en las nuevas iniciativas de medios alternativos? Estas preguntas no buscan clausura, sino continuidad crítica.
La conferencia abordó también el scholactivismo: la posibilidad , y la necesidad, de una investigación comprometida con la justicia social, la igualdad y el cambio político. Frente al mito de la neutralidad académica, se reivindicó el derecho, y el deber, de producir conocimiento situado. Pensar como forma de acción. Investigar como parte del contra-poder.
Celebrar los veinte años de Indymedia no es mirar atrás con melancolía.
Es reafirmar que otros modelos de comunicación son posibles, que ya existieron, que funcionaron, aunque fueran frágiles, y que pueden volver a inspirar prácticas radicales en un ecosistema digital cada vez más controlado, mercantilizado y vigilado.
Indymedia fue, y sigue siendo, una caja de herramientas para el presente.
diVine, o cómo volver a encontrarnos en tiempos de IA
Evan Henshaw-Plath,nuestro Rabble legendario, es de esas personas que no hablan de libertades digitales, las construyen. Hace años compartimos viajes, aventuras y esa mezcla rara de cansancio y fe que aparece cuando una sigue creyendo que Internet puede volver a ser un lugar habitable.
Hoy Evan lanza diVine, una propuesta para socializar en plena era del contenido generado por IA, los feeds clónicos y el ruido infinito. Asi, diVine recupera la energía del vídeo corto en bucle (sí, el espíritu Vine), pero lo hace con un giro político y tecnológico descentralización y propiedad real de la comunidad creadora. El proyecto está construido sobre Nostr, un protocolo abierto que busca que la red social no dependa de un único dueño, algoritmo o empresa.
Lo interesante es que diVine no solo vuelve, quiere reabre un archivo vivo. Parte de su punto de partida es el rescate de decenas de miles de clips de Vine preservados por esfuerzos de archivado, y la idea de que la memoria digital no debería desaparecer porque una plataforma cierre o cambie de manos.
Y hay un elemento que, sinceramente, me parece el más valiente: el posicionamiento explícito contra el ecosistema de “AI slop”, esa papilla infinita de contenido automático que coloniza las redes y convierte la atención en un vertedero. diVine se presenta como un intento de devolver la centralidad a lo humano: una red para personas, no para granjas de engagement ni para bots que reciclan estilos.
En un momento en el que casi todo se siente predicho —por modelos, por métricas, por recomendaciones—, este tipo de experimentos importan. Porque no solo preguntan “¿qué publicamos?”, sino “¿en qué condiciones nos encontramos?”, nos volvemos a hacer las mismas preguntas qu nos hacimaos en elm nacimiento de Internet, quién gobierna el espacio, quién decide lo visible, quién se beneficia del tiempo colectivo.
diVine puede salir bien o mal; las plataformas nunca son inocentes. Pero que alguien con la historia de Rabble, activista y tecnólogo, obsesionado con el común digital, vuelva a insistir en infraestructura + cultura + derechos como un mismo gesto, ya es una señal.
No en nombre de los animales!
Estamos en algún punto entre 2001: Una odisea del espacio y 2049 (Blade Runner), pero la pertinencia de rendir homenaje a una militante nazi simplemente por haber sido vegetariana y activista por los derechos de los animales sigue siendo objeto de "debate".
No en nombre de los animales.
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